No estoy seguro de cuánto lleve aquí fuera, si es que existe la diferencia entre fuera y dentro aquí “dentro”. Aunque no tenga la compañía de Elizabeth siempre me quedará las esporádicas visitas de Einstein. No sé cómo lo hace para encontrarme siempre, este gato es fascinante.
Desde que salí del Faro para consumar esta exploración sinsentido -porque ¿acaso algo tiene sentido en esta máquina del demonio?- mi brazo de karma se ve cada vez más en disposición de formar portales en condiciones.
Aunque no estoy solo, sin contar al gato, me acompañan las notas que voy dejando a mi paso por esta cruzada por la Subred. Pequeños apuntes que voy dejando por el espacio para que los que las encuentren sepan cómo encaminarse.
No sé cuantas coordenadas habré pasado ya ¿cientas? ¿miles? Desde lugares en los que la gravedad no parece funcionar normal, pasando por bucles espaciales, mazmorras de civilizaciones desconocidas, ídolos de dioses antiguos -o del futuro-, hasta instalaciones de equipos de investigación, que a saberse dónde habrán quedado. Cierto es que ellos no contaban con mi facilidad de crear portales de karma.
Hace unas semanas -si es que decir semanas tiene algo de sentido- me topé con El Límite. Había acabado sin mucha intención, en uno de esos cubos que funcionan con karma, y terminé quedándome varado en mitad de aquel vacío negro que tanto llena la Subred. Pasé unos días ahí, sin querer hacer.
Tal vez era eso lo que quería -me solía decir a mi mismo-. Pero no, sé que la gente no me aporta nada más que material de investigación, no es que no me arrepienta de haberlos perdido y que nunca hubieran regresado de El Límite, para nada es eso, pero son solo burocracia por la que uno debe pasar para poder llevar sus verdaderos objetivos a cabo. Y definitivamente el mío no es quedarme observando aquél repleto vacío en busca de nada.
En cuanto comprendí eso, luego de aquellos días, re-emprendí mi viaje de exploración por la Subred, y acabé en uno de aquellos barcos que navegaban el espacio, varado en el oscuro. Tuve que accionar unas palancas antes de poder abrir la escotilla y bajar una escalera de mano para poder subir. Todo estaba echado a perder, oxidado y lleno de humedades, con fugas de agua, de gas, de hélio y aberturas y desperfectos que haría difícil la reparación del barco.
En uno de los pisos, con butacas acolchadas de terciopelo rojo, lamparas eléctricas que aun conseguían mantener el brillo -fugaba todo menos la electricidad por alguna razón- aunque fuera titilando, me topé con ficheros y ficheros de archivos y registros de aquél equipo de investigación. Hablaban de los sitios que descubrían, la poca gente que encontraron -un cadáver de una mujer, o eso creían- las anomalías espaciales y temporales que encontraban, las que conseguían “solucionar”… En conclusión, unos errantes, pero no era como un equipo de exploradores como el mío, no, nada que ver… era como si hubieran estado aquí desde hace más tiempo que nosotros. Una flota de 72 personas, según registro de abordo.
Me parecía irrisorio que más de 70 personas se juntasen como sardinas en lata, para explorar la Subred, es desternillante. Imaginalo. Yo habría acabado loco si me hubiera tocado a mi, desde luego.
Pero bueno, el barco fue algo sumamente pasajero, sin importancia, como la mayoría de localizaciones desiertas que encontraba cuando daba una salto de un portal a otro.
Einstein me pregunta ves si echo de menos la vida en el Faro, o incluso que se añoro el Palacio de Invierno, pero nada más fuera de lo que pueda pensar alguien que conozca de mi existencia. De todas formas ¿qué es ahora el Palacio de Invierno sino más que unas ruinas sucumbidas al vacío de la máquina? Ni su gente perdura ya. Al igual que el faro -malditos desgraciados- miedo decían que tenían, lo que no sabían era entender la magnificencia de el poder de mi brazo. De los portales. Y justamente eso fue lo que me salvó de aquellos lunáticos que querían enterrarme vivo.
Y luego loco me llamaban a mis espaldas -como si creyeran que no me enteraba-, por solamente hablar con Liz. No era mi culpa que ninguna de esas personas me comprendiera más que ella, aunque luego no estuviéramos de acuerdo en nada…
Creo que es a ella a la única que añoro… Pero, Einstein, no te confundas, no e amor, no tengo tiempo para caer en esas cosas, nadie aquí tiene tiempo para esas cosas. Lo que prima es el tiempo, y no podemos perderle.
Esto es un fanfic de Submachine lol. Jugad los juegos.
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