6/25/2020

La Nueva Vía: Fragmento (capítulo I)

[...] Todo era sorprendentemente rompedor, amistades circulares como esta era lo que el joven William necesitaba desde hace mucho tiempo, no aquellas de porcelana que se cultivaban en fiestas y no se volvían a recoger más tarde. Aquella persona, Jack Thompson, curioso sujeto. Su porte noble, con aquella ropa, que seguramente sería la típica que lleva para la universidad, con unos zapatos de charol marrones, como el resto de su conjunto, un marrón que ahora, en la oscuridad de la noche no se apreciaba muy claramente. Toda la ropa muy bien planchada, al igual que su pelo arreglado. Distaba mucho de las apariencias de William, más dejadas y sin mucho aprecio en el detalle. Las flores silvestres que en el jardín habían crecido seguían siendo su aroma empujados fervientemente contra el interior del salón. Era una sensación que William, hacía tiempo, no recordaba experimentar.

—¿No te parece bello el aroma que entra de las flores?— Soltó William con tono melancólico, mientras se estiraba en el diván. —Oh… amigo, esta sensación me trae recuerdos… Recuerdos que creo que ni siquiera he llegado a vivir, pero; preciosos, preciosos recuerdos. Relacionados con la belleza del mundo. ¿No es preciosa la existencia, así, tal cual? A mí, en efecto, me lo parece. Todo es bello si se mira a la hora correcta y desde el ángulo preciso, Jack, créeme. Puede que no haya hecho muchas cosas a lo corto de mi vida, pero en ser un espectador no me gana, te aseguro, no me gana nadie.

Jack no pudo responder más que una leve risa y cabecear en forma de aceptación a lo que su amigo le estaba diciendo.
Qué grata era la vida cuando uno solo se limita a mirarla, olerla y degustarla. Pero, oh… ¡Tocarla, más valiente debería ser uno para tocarla! Valientes son los que deciden dejar de lado los demás sentidos para adentrarse en la vida como una persona más, cobardes eran pocos, sobreviviendo más que viviendo, y eso era lo que William acababa de entender. Lo que él quería era experimentar desde fuera todas las cosas buenas que la vida traía para ofrecer. Desde el aroma de las flores, hasta la luz de la luna y el sol, comida de la más exquisita alta clase, perfumes de todo tipo. Ya no quería formar parte de grandes fiestas, ni de nada por el estilo, buscando ser el centro de atención. No, nunca más. La tranquilidad de la atención de unos pocos, en compañía de buena música y grato servicio. Como decía Jack que aguardaba en su morada, a donde había invitado algún otro día para que Will, donde seguramente se juntaran Leonard y Sullivan, fuera visitarlo, y viera de primera mano cómo era el estilo de vida de un caballero, la rectitud que tanto anhelaba. 

—Bueno, joven amigo, creo que es hora de que me vaya. Ha sido precioso compartir estas horas contigo. 

Y fingiendo vestir un sombrero, Jack agacha la cabeza, sujetando el ala del ficticio sombrero, y se marcha del salón, dejando solo a Will, en aquella casa, donde sus pensamientos fluían ahora, no con el humo del tabaco y el piano, sino con el viento, las flores y la luz del crepúsculo. [...]

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