7/10/2020

Soneto I

El sol podrá a mía carne enterrarla,
y llegue el día que no me levante,
mi alma, bien saben, siempre fue abundante
mi plenitud no podrán acabarla.

Aunque cueste la existencia engañarla
no siempre será eficacia constante.
Del malestar, mi mente apabullante
que la Luna consigue capturarla.

Mal que mi coraza de piel y pelo
esté pisoteada y demacrada,
siempre estará mi alma resplandeciente.

Y en la reflexión busco en mí flagelo
en silencio con la mente cerrada
para ser con ya uno mismo decente.

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