Personajes
Thyman
Chesnok
Árbol
Acto I
Escena I
De noche.
Sentado en el borde de una fuente, Thyman,con las piernas cruzadas y las manos entre los muslos: habla en voz alta.
Thyman. ¡Ah, valga de mí!, que ni siquiera esperando aquí a mi buen amigo, se me van de la cabeza estos pensamientos… Y fíjese usted (levántase del asiento) que si mis malas pasadas no las curas ni las evita el salir de mi casa –¡aquí al fresco de una fontana muy bella!– no sé qué más en el mundo podría aliviarme… ¡Oh! ¿es aquél que ven mis ojos mi buen amigo Chesnok? Y yo aquí siempre tan desarrapiñado… No me extraña que siempre me venga el bueno de mi amigo con que le da vergüenza salir conmigo por las calles del pueblo… A mi también me la daría, aunque no puedo hacer nada para no salir conmigo mismo…
Chesnok. Buenas tardes, joven Thyman. (analízale de arriba abajo con la mirada) ¿Qué te ocurre, por qué estás ahí de pie? Anda siéntate.
Vuelve a levantarse y se sienta al otro lado de Chesnok. Síguele él con la mirada.
Thyman. Nada, no me pasa nada… Lo de siempre.
Chesnok. Lo de siempre… ¿qué es lo de siempre? ¿tus lloros de criajo?
Thyman. No seas así, amigo… Sabes que mi corazón es fácil de romper…
Chesnok. Lo único que sé de tu corazón es que late sangre de forma rítmica, “amigo”.
Chesnok hace realmente las comillas con las manos. Thyman al verlo se sienta en el suelo justo debajo de donde estaba él mismo sentado. Chesnok le mira desde arriba.
Thyman. Eso sabes que no es así. Me refiero a mi Corazón. Con mayúsculas.
Chesnok. Oh… hijo… déjate de esas mariposadas antes de que de verdad te rompan el corazón de un disgusto. Y te mueras.
Thyman. Si muero que sea a manos de una mujer.
Chesnok. ¡Y una bella!
Thyman. En realidad no importa si la mujer es bella u horrenda. Lo que cuenta es cuán fuerte pueda amarme.
Chesnok. Pensé que querrías morir a manos de una mujer… No te entiendo.
Thyman. No lo entenderías, mi buen amigo. Hay cosas que no están hechas para la gente de clase como tú.
Chesnok. ¿Perdona?
Thyman. No lo entenderías, mi buen amigo. Hay cosas que no están hechas para la gente de clase como tú.
Chesnok. ¿Perdona? (esta vez con más fuerza)
Thyman. Nada.
Chesnok. (Silencio) ¿Y qué pretendes hacer?
Thyman. Mira. Un árbol.
Chesnok. Ya lo veo.
Thyman. No. Míralo.
Chesnok. No tiene hojas.
Thyman. ¿Y?
Chesnok. Estamos en primavera.
Thyman. No todos los árboles florecen en primavera. No le metas prisa. ¿Acaso tienes prisa tú?
Chesnok. ¿Por vivir? Siempre.
Thyman. No me extraña que estés tan arrugado…
Chesnok. (Silencio) ¿Y qué pretendes hacer?
Thyman. No me metas prisa a mi tampoco, amigo.
Chesnok. Bueno. Supongo que podemos quedarnos mirando al árbol.
Thyman. El árbol mirándonos a nosotros. Nosotros miramos como nos contempla él.
Chesnok. Es una manera de verlo…
Thyman. La única, en verdad.
Chesnok. Desde luego. (Pausa). Pero dime, Thyman, ¿por qué es que tu corazón –en mayúsculas– se ha roto?
Thyman. Oh… Pristine… Menuda mujer… Si la conocieras, amigo mío, ¡ten por seguro que sentirías casi lo mismo yo!
Chesnok. Yo no me enamoro tan fácilmente como tú. Thyman. Soy un hombre con necesidades.
Thyman. Entonces nunca te has enamorado… amigo.
Chesnok. Tal vez tengas razón.
Thyman. Sí, tal vez la tenga.
Ambos quédanse mirando al árbol deshojado. Thyman vuelve a sentarse al lado de Chesnok. El otro se ajusta el sombrero y la corbata,el más joven le imita.
Chesnok. Bueno… del amor sé bastante poco. No es algo que me preocupe, con mis hijos y mi esposa estoy bien.
Thyman. ¡Desde luego! Es exactamente lo mismo.
Chesnok. Supongo.
Thyman. Digo yo…
Chesnok. (Pausa). No digas. Escucha.
No se escucha nada.
Thyman. Ah… el rumor del viento. Me encanta.
Chesnok. ¿A quién no podría encantarle?
Thyman. ¿A un sordo?
Chesnok. Aún le queda el sentirlo en la piel.
Thyman. ¿Y si no puede tampoco sentirlo?
Chesnok. Aún le queda poder ver el viento mover las ramas de este mustio árbol –el ver como le mira–.
Thyman. ¿Y si tampoco puede ver, aparte de ni oír ni tocar?
Chesnok. Entonces supongo que esa persona es como si estuviera muerta… sobretodo si es de nacimiento. Apiádese Dios de él.
Thyman. Supongo.
Chesnok. Supongo. (Pausa). Pero dime, Thyman, ¿por qué es que tu corazón –en mayúsculas– se ha roto?
Thyman. ¿Conoces a Pristine? Bueno pues ella tal vez no sienta lo mismo que yo por ella. Es complicado. No hace falta que intentes animarme.
Chesnok. Vale.
Quédanse en silencio de nuevo.
Chesnok. ¿Vienes?
Thyman. No. El árbol.
Chesnok váse de escena. Thyman se queda sentado en la fuente, solo. Piernas cruzadas y manos entre los muslos.
Sale de escena.
Fin de escena I.
Escena II
Thyman entra en escena. Vistiendo igual o incluso más desarrapiñado que antes. Detrás de él, Chesnok, con un sombrero más alto que antes, mirando su reloj de bolsillo, procede a contemplar de nuevo el árbol deshojado. Thyman se sienta de nuevo al borde de la fuente.
Thyman. (Suspira)
Chesnok. ¿Qué te ocurre, Thyman?
Thyman. No es nada, amigo. Desamores… lo de siempre. La misma cantina de la Humanidad.
Chesnok. Desde luego cada vez que hablo contigo, Thyman, me siento menos persona…
Thyman. No te preocupes, estoy seguro de que algún día descubrirás lo que es el amor de verdad.
Chesnok. No creo que pueda ocurrir nunca. Hace demasiado tiempo desde la última y primera vez que conocí mujer. Pero mi esposa es una gran mujer. Desde luego mi familia tiene buen gusto para esa clase de cosas.
Thyman. (Suspiro)
Chesnok. ¡Deja de ser tan dramático, Thyman! Sacas a uno de quicio sin molestarte lo más mínimo.
Thyman. Solo me entristece que ninguno de los dos vayamos nunca a poder estar con el amor de nuestras vidas…
Ambos suspiran. Silencio. Chesnok deja de mirar al árbol deshojado para arrodillarse en la fuente. Une las manos.
Thyman. ¿Qué haces, por qué te pones el suelo?
Chesnok. Rezo.
Thyman. Ya lo veo. Pero, ¿por qué?
Chesnok. Es lo que hace un cristiano cuando no sabe.
Thyman. ¿A caso te has perdido?
Chesnok. Solamente me he dado cuenta de que he estado perdido mucho tiempo.
Thyman. El primer paso es darse cuenta. Levántate.
Chesnok. (Se levanta y queda de pie mirándole) ¿A caso es verdad que no he sentido el amor de verdad? (llorando) ¿A caso he estado perdiendo el tiempo con una esposa que no amo de verdad?
Thyman. (Pausa) Puede… Puede que así sea…
Chesnok. (Gritando) ¡Esto es absurdo! Y ahora, ¿qué sentido tiene nada? ¿a qué he dedicado los últimos casi cincuenta años de mi vida? Ay de Dios… Sí, es cierto que nunca he querido a mi esposa, que ni siquiera el matrimonio fue idea mía, y que todo son arreglos familiares… Pero ¿por qué ahora, Dios de mi vida? (alzando la mano al árbol deshojado mientras mira la luna) ¿Por qué es ahora cuando decides abrirme los ojos y mostrarme la verdad de mi mentira? (de rodillas, llorando de nuevo)
Thyman. El árbol.
Chesnok. No tiene hojas.
Contemplación.
Thyman. (Pausa) Nunca es tarde para cambiar de aires, viejo amigo…
Chesnok. ¿Que no es tarde? Hijo yo ya no estoy ni para mudarme de casa…
Thyman. Eso fue precisamente lo que te ha llevado hasta aquí.
Chesnok. Ya no puede haber nadie ahí fuera que pueda querer ni me pueda querer de vuelta.
Thyman. En momentos como este uno busca el amor hasta en las briznas de hierba, amigo.
Chesnok. Thyman, amigo (Thyman se estremece al escucharle llamar así) eres demasiado idealista para mi modo de vivir…
Thyman. La cosa es cambiar tu modo de vida… amigo.
Chesnok se dirige de nuevo a contemplar el árbol deshojado. Thyman hace lo mismo con la Luna.
Chesnok. ¿Por qué será que siempre nos encontremos de noche?
Thyman. No me lo cuestiono.
Chesnok. Imagino…
Thyman. ¿Ya no rezas?
Chesnok. Ya no estoy perdido como antes, solo no sé muy bien qué hacer.
Thyman. ¿Deberías dejar a tu mujer?
Chesnok. ¿Debería dejarlo todo?
Thyman. ¿También te irías de mi lado?
Chesnok. (Pausa) No lo sé… tal vez seas el único al que quiera ahora mismo…
Thyman. Tal vez seas tú también el único al que quiera ahora mismo… (Poniendo su brazo sobre el de Chesnok) A veces lo único que necesita uno es mirar a la luna y quedarse en silencio un rato…
Ambos mirando a la luna. El brazo de Chesnok abraza a Thyman por debajo de sus brazos.
Chesnok. ¿Qué sentido tiene ya nada?
Thyman. ¿Qué sentido tuvo nunca?
Chesnok. El mismo sentido que tuvo mi matrimonio.
Thyman. El mismo sentido que tiene la vida. (Pausa)
Cada uno se va por un lado de la fuente y vuelven a sentarse uno al lado del otro en el borde.
Chesnok. ¿Y qué haré cuando llegue a casa esta noche? ¿Qué siquiera harás tú?
Thyman. ¿Yo? Yo no tengo nada que hacer. El quedarme mirando el rocío de la mañana que se posa en la ventana de mi habitación es de las tareas más interesantes de mi día día. (Pausa) ¿Y tú? No lo sé. Tal vez sería la clase de asunto por la que un cristiano rezaría.
Chesnok. Dios nunca escuchó mis plegarias. En ningún momento, nunca, ni una mísera muestra de aprobación por su parte.
Thyman. ¿Has perdido la fe?
Chesnok. Puede que nunca tuviese tal fe.
Thyman. (Silencio)
Chesnok. Cada vez todo carece de más y más sentido.
Thyman. Cada vez nos damos más y más cuenta de que nada fue lo que era que nos contaron.
Chesnok. Es una manera de verlo…
Thyman. La única en verdad.
Chesnok. Tal vez…
Thyman. Tal vez…
Thyman, con las piernas cruzadas y las manos entre los muslos. Chesnok, con la postura cansada, apoyado con ambas manos los lados de él.
Thyman. Entonces, ¿qué?
Chesnok. Cállate.
Thyman. Sí. (Silencio)
Chesnok. ¿Y las estrellas?
Thyman. ¿Estrellas? Nunca hubo.
Chesnok. ¿Solo la luna?
Thyman. Y el árbol deshojado.
Chesnok. (Suspiro)
Thyman. (Pausa) En el momento que uno le pierde el sentido a la vida, solo tiene dos opciones.
Chesnok. Y yo soy demasiado viejo como para si quiera intentar una de las dos. No hace falta que siquiera intentes convencerme de lo contrario.
Thyman. No tenía pensado hacerlo, amigo. Al final cada uno es el que lleva las riendas de su propio destino.
Chesnok. (Pausa) El agua de la fuente se ve más clara que de costumbre, ¿no crees? Aunque hayan pasado días sin estar encendida… Es raro.
Thyman. No me lo cuestiono.
Chesnok. Imagino…
Thyman. ¿Quieres ir a algún otro lado?
Chesnok. No podemos.
Thyman. ¿Por qué?
Chesnok. El árbol.
Thyman. Y la luna.
Pausa.
Ambos suspiran al unisono. Thyman se levanta y da la vuelta a la fuente apoyándose en ella por detrás.
Thyman. ¡Y, oh, Pristine! Cuanta desventura y cuantas lágrimas me ha dado. Más que amor y ternura. Y aún así sígola amando.
Chesnok. El amor es de las cosas más obtusas que han sido jamás ingeniadas…
Thyman. Buscarle el sentido al amor es igual de absurdo que buscarle el sentido a Dios.
Chesnok. O se siente… (Pausa)
Thyman. O no se siente… (Eleva la mirada al cielo negro)
Chesnok. ¿Entonces qué hacemos con este sinsentido?
Thyman. Acceptez-le et embrassez-le.
Chesnok. No nos queda más que eso…
Thyman. No nos queda más que eso…
Thyman váse de la fuente y dirígese al árbol deshojado, y como Chesnok previamente, alza el brazo y una mirada melancólica a el árbol.
Thyman. Lo único que nos queda es no cuestionarnos nada –¡menos del amor!– ni de la vida, ni Dios, ni de nosotros mismos. ¿Por qué todo tan vacío? ¿Por qué lo único lleno que hay hoy aquí es la luna? Ni si quiera hay estrellas, y el cielo no tiene nubes. Los únicos que se dignan a mirarnos esta noche a la cara, y guardar sus respuestas, son el viejo árbol deshojado y la bella y brillante luna que hoy luce el cielo.
Chesnok. Es muy triste.
Thyman. Siempre fue triste.
Chesnok. Solo que antes lo ignorábamos.
Thyman. Nadie nos lo dijo.
Chesnok. Si nada tiene sentido…
Thyman. Mejor vivir la vida sin darle más vueltas al asunto.
Chesnok. (A la vez) Mejor quitarse la vida y ahorrarse más penurias.
Thyman deja de contemplar la luna y el cielo para darse la vuelta y mirar afligido a Chesnok.
Éste, cabizbajo, apoya las manos en sus rodillas y vuelve a lamentarse, en conocimiento de que su amigo se ha sobresaltado y él halla solamente pensando en acabar con su vida.
Oscuro. Telón.
Fin de primer acto.
Acto II
Escena I
Noche.
Chesnok se encuentra en el suelo, melancólico, apoyado sobre el muro de la fuente, mirando el agua.
Entra Thyman.
Thyman. Buen amigo mío, Chesnok. ¿Pudiste arreglar aquello que por tu cabeza tantas vueltas daba? ¿Perdisteis la fe completamente o volvió la gracia del Señor a tocaros con su mano? ¿Encontrasteis el amor que necesitabais encontrar en vuestra mujer o se ha perdido completamente? Antes de que nada digáis, quiero que sepáis que mi apoyo, amor y ánimo lo tendréis siempre de vuestro lado. Como amigo vuestro que soy.
Chesnok. (Desganado. Vacío) Oh, joven Thyman, qué suerte tenéis. Tan joven y lleno de vida. Con toda la existencia por delante. Sin ataduras ni problemas de ningún tipo… ¿Y tú qué, Thyman? Superaste el desamor del que me hablabais el otro día, o salió bien y estáis unido con la bella dama que tanto antes amabais? Y respondiendo a las preguntas que antes me hiciste en orden: No. Se perdió completamente. Y se volvió a perder. Nada me queda Thyman, salvo tú, tus ocurrencias y mis propios desvaríos.
Thyman: Para responder a tu pregunta: Sí, superé aquél embrollo amoroso que en realidad solo tenía cabida en mi cabeza. Y, oh… amigo, no está todo perdido.
Chesnok: El problema es que nunca estuvo presente.
Thyman: ¿Estás seguro de eso? Tal vez si lo miramos desde-.
Chesnok: (Elevando el tono, pero aún alicaído) ¡Cállate, Thyman! Deja de verlo todo bajo ese absurdo optimismo barato. No hay salida de ningún tipo. Soy viejo y débil. Y ya no tengo si quiera casa a la que volver, Thyman… Dejé a mi mujer con una nota.
Thyman: Tal vez aún estés a tiempo de poder-.
Chesnok: Poder, ¿qué? ¿Volver a la fatigosa y ruinosa rutina de una vida sin sentido alguna? No estoy triste ni mal, Thyman…
Sí lo está.
Solamente siento que mi tiempo aquí ya ha llegado a su final. Pero, tú, amigo, ya que sabes el sentido del sinsentido de carencia de significado que lleva la vida, aprovéchalo. Construye tu propio sentido antes de que alguien más lo haga por ti.
Thyman: ¿Cómo pretendes que lo haga?
Chesnok: Lo primero es irte de aquí. Estas ciudades no le hacen bien a nadie.
Thyman: Pero entonces… ¿Dónde quieres que…
Chesnok: Vive del campo, vive del Sol, del agua del río, de las estrellas. Pero no dejes que nadie te atrape en una promesa de éxito y buena vida. Cualquier vida atada a algo que no sea tú mismo no es una buena vida. No dejes que te aten, ni aun trabajo ni aun matrimonio no deseado. No les dejes. Lo que quieren es otro diente más en el engranaje de su economía.
Thyman: Chesnok. has perdido completamente el juicio… Nada de lo que dices tiene sentido…
Sí lo tiene.
Chesnok: Si no vas a aceptar mi palabra ni mi consejo, ve, y deja que te aten. Yo ya no tengo más palabras para ti que las que ya te he dicho.
Sí las tiene.
Thyman se va, tras echarle una mirada entre altiva y de sincera preocupación.
Lavántase Chesnok del suelo.
Y aquí me hallo. Solo. Como siempre sentí que estuve ante los ojos de Universo. Sin un Dios claro que me ampare ni me resguarde. Ni unas últimas plegarias de consuelo que poder lanzarle a un santo, ni a nadie. No conocí mujer más que una que me dijese que me quería, y con ella un hijo tuve, al que ya ni a la cara me mira ni por dinero. Ni amigos que me atendieran tuve. Oh, bueno, podría considerarse a Thyman como uno, mas ya no está, y de loco me trata. Al final el único resultado que uno puede aclarar es que la muerte es la respuesta a la incongruencia entre la vida, el sentido y la existencia. ¿Para qué seguir cargando la misma roca a las espaldas, que haga como se haga duele inmensamente, si el resultado será el mismo que el de un conejo que vive libre en el campo, o el de un pájaro en el cielo, siendo abono para cosechas? Y espero que nadie más, mala suerte de que sí, lleguen a mis ideas. ¿O sí quiero? Pues como así lo hagan, todo estará perdido. Y no sé si quiero que todo acabe ya por perderse. ¿Quién fue el que nos puso una vida sin significado ante nosotros? ¿Un Dios malévolo? ¿Sería a caso un Dios maligno ante su propia creación? De lo contrario ¿sería Dios siquiera? Yo desde luego no lo creo. Absurdo es, y Dios no debe ser absurdo. (Pausa) Ante la Luna charlar es lo único que me queda y lo último que haré será contemplar el magnífico limpio cielo,s y hoy con alguna punteada en su oscuro lienzo. (Pausa) ¿Qué somos y qué nos queda si nos quitan las ataduras de la vida, los embrollos de la sociedad y la esclavitud del dinero? El humano, el simple y perfecto humano. Nada más que nosotros mismo quedamos. Y nada más necesitamos. El resto son fantasmas. El resto… no es nuestro. Y no tiene sentido mantenerlo a nuestro lado, para sufrir, y mantener el estado actual de las cosas. (Pausa) Como siempre es… absurdo. Porque nunca tuvo sentido, y siempre carecerá inherentemente de lógica alguna el sentido de la vida. Y es difícil construirse uno propio sin que esté ante las cadenas de la sociedad que tanto quiere crearnos un sentido propio por su cuenta. Un sinsentido. Algo absurdo.
El árbol deshojado mira a Chesnok.
Árbol: Y ahora que, viejo conocido, en paz puedo hablaros, lo haré…
Chesnok: ¿A caso es el Árbol quien me habla?
Árbol: En efecto lo soy. Y solo emergí para darte la enhorabuena. Te vas a ir. Ya no tienes razón alguna de seguir en este mundo, Chesnok…
Chesnok: ¿Cómo? ¿A qué te refieres?
Árbol: Tú mismo hablaste de esto, Chesnok. Morir, quitarte la vida.
Chesnok se paraliza del shock.
Chesnok: Espera, no puedes hacer eso… no… No estoy listo aún.
Árbol: Eso son los nervios de la primera vez, amigo mío, no tienes de qué preocuparte.
Chesnok: Pero… Y luego de la muerte, ¿qué veré? ¿qué me pasará?
Árbol: Eso está de tu parte averiguarlo, y nadie más que tú podrá verlo.
Chesnok: Sigo sin estar listo.
Árbol: Sí, sí que lo estás. Siempre lo estuviste.
Chesnok: Pero… aún me gustaría saber más cosas… pero no hay tiempo suficiente.
Árbol: Ya es demasiado tarde para querer más tiempo. Hubieras hecho tales afirmaciones antes, o no, hoy hubieras muerto de todas formas… Es más (Pausa) me consta de que ya se ha pasado tu hora de defunción, Chesnok.
Chesnok: Eso quiere decir que…
Árbol: Estás muerto, desde hace unos minutos. Y es más, te has suicidado, como dijiste tú mismo que ibas a hacer. Ahogado en la fuente.
Oscuro total.
Tras un fogonazo de luz, aparece Chesnok, con la cabeza metida en la fuente. Muerto.
Telón.
Fin de acto.
Fin.
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